martes, 22 de septiembre de 2026

EL OTOÑO SIEMPRE PRESENTE



El final del verano siempre ha marcado la conclusión de una etapa anual. Es señal de buen tiempo, vacaciones, libertad de horarios, reuniones familiares y de amistades. Y, de repente, caen las horas de luz, llega el frío, los árboles se quedan sin hojas y la nostalgia nos aflige. 

Leo esas entradas que acompañan a mi escrito en el tiempo y me producen melancolía. Mi madre preparándome comida (falleció hace diez años), paisajes sorianos, música clásica (la música otoñal), las nubes, los colores del atardecer, los barcos que regresan a puerto, el frío castellano que me esperaba, mi trabajo siempre en el plano más importante pero encubierto, la política…

Ahora, sin limitaciones horarias ni excesivos cambios significativos en las estaciones, es hora de analizar lo que ha sido el verano y lo que vendrá a partir de ahora, tiempo de ir pergeñando un otoño-invierno también esperado y para intentar disfrutarlo. 



2 de octubre de 2007

Es otoño y no me había enterado. Ha sido al atravesar la sierra de Cameros y el Parque Natural de Cebollera cuando me he dado cuenta de que las hojas de los árboles se van tiñendo de tonalidades de rojos, amarillos y verdes. El paisaje de otoño, sin lugar a dudas, es un placer para la vista. He estado durante varias semanas encerrado en una burbuja impregnada de sol y agua, abstraído por la sensualidad del mar, intentando pronosticar la distancia hasta el horizonte, diferenciando los matices violetas del crepúsculo, humedeciendo mis labios en aguas saladas, ensimismado en la oscuridad recién llegada con un “margarita” helado, mientras la luna iba marcando su particular recorrido reflejada en el mar y escuchando, por ejemplo, la Marcha de la Bella Melusina de Mendelssohn sobre la sirena que desaparece antes de mostrar su secreto, Y claro, con este intenso cometido no vaticinaba lo que ocurría en el interior peninsular. Esperaré a qué, de nuevo, la inclinación del eje terrestre marque el verano para desperezar mis sentidos, desnudarme otra vez y atraer hacía mi cuerpo ese soplo de libertad que tan solo el mar es capaz de descubrir. Intentaré entonces dar caza a esa sirena desaparecida que estoy seguro me espera en algún lugar.



28 de octubre de 2007

Tras una semana viajera llega el descanso del guerrero. En eso estoy. En los últimos años, aprovechando el otoño, he hecho incursiones en el terreno campestre. Ya puedo decir que conozco varias clases de setas, que distingo hongo de seta. Recopilo endrinas, maguillas (una especie de manzanitas enanas silvestres)… Incluso he visto en la ciudad un cartel de las “V JORNADAS MICOLÓGICAS” que organiza en el Hotel Alvargonzález de Vinuesa (la corte de los pinares) mi amigo Óscar García. Es otoño.


Llegó la estación templada y me relajo, en una tarde tranquila como la de hoy, escuchando Ópera y a Richard Hawley. Introduzco en recipientes de cinco litros aguardiente que he comprado hace dos días en Portugal y, respectivamente, trocitos bien cortados, de membrillo (regalo de mis amigas Elena y María) y maguillas. Desde hace cuatro años es tradición.


Después de comer, durante esta semana, en restaurantes de Santander, Pamplona, Zamora y Miranda do Douro, finalmente he podido sentarme tranquilo en mi mesa para degustar una comida casera. Las setas de cardo (regalo de Elena), recién cogidas, estaban de muerte.

Y es que, cuando uno ha estado quince años comiendo en variados restaurantes del estado español y de otras naciones, comer en casa resulta un auténtico lujo. El pasado lunes mi madre guisó un cocido montañés extraordinario. Sabe que me gusta y cuando voy a Santander (salvo raras excepciones) siempre me prepara ese plato exquísito. Como no puede con el olor del pescado -es superior a sus fuerzas- siempre hay un día (o varios, dependiendo de mi estancia) que me invita a comer en algún restaurante conocido con buen pescado. Maldigo mi suerte por tanta visita a restaurantes y reivindico cocina casera, pero agradezco a mi madre su deferencia, ¡claro!. Seguramente sabe mejor una comida, por simple que sea, realizada en casa, que muchas otras preparadas sin el fundamento del amor maternal (o parental).




25 de septiembre de 2011

El verano escapa inflexible  en su última tarde de septiembre.  Van desapareciendo los temerosos mosquitos y la luz decrece en horario y fuerza. Las sombras se alargan en la playa y descienda la temperatura. Desgraciadamente, es hora de irse al yermo castellano, al frío  intenso, sin tregua, abandonando el placer de las horas baldías, infructuosas, que tan sólo existen ya en las capas del cerebro que almacenan el placer que supone la realidad imperturbable de esos momentos.  La luna ahora se apresura a ahuyentar  al sol y es tiempo de otoños recién nacidos, muy bellos también en tierras castellanas; no así   la calidez de la amistad mediterránea, incomparable, casi perfecta  en la serenidad del tiempo pasado y siempre recordado. Tiempo de otoño que se apresura en el último día de verano. Nubes revoltosas en el horizonte y barcos iluminados con las últimas luces de un verano en sus horas más bajas.  Otoño hasta el invierno. Invierno turbulento. Todo pasa y, posiblemente, todo quede en el recuerdo. Un barco de pesca se apresura para  llegar a puerto a la hora convenida. Una gaviota se introduce en el agua a velocidades estratosféricas. Una lubina salta en el mar permaneciendo el tiempo justo para luego volver a sumergirse. Al parecer  todos los animales vamos ajustándonos a la nueva luz que produce el otoño. Siento ahora nostalgia del verano, de un verano más que se escapa  como se escapa la vida, sin darnos casi cuenta.       



26 de agosto de 2012

Va pasando el verano y con él innumerables recuerdos que quedan grabados para siempre. Una comida entre amigos, una partida de golf rústico, un paisaje verde con innumerables canales y vacas paciendo plácidamente, grupos de viajeros siguiendo al  guía que pasaban a mi lado deprisa y corriendo cuando yo paciente y relajado esperaba capturar una fotografía, un viaje en tren descubriendo nuevos escenarios, personas diferentes que siempre te resultan exóticas, el sol acompañándote, los atardeceres mágicos y las noches rodeadas de misterio. Va pasando el verano y los días se acortan recordándote que el otoño está más cerca. Y, aunque todavía me quedan algo más de tres semanas de vacaciones, vuelvo la vista atrás y me reconforta haber disfrutado de los viajes, de cada movimiento que rompe la rutina y me devuelve la ilusión de seguir conociendo otros senderos y otras formas de vida que, al mismo tiempo, ayudan a conocerte a ti mismo desde la perspectiva de la lejanía.

Ahora espero de nuevo regresar a la placidez que supone perder de vista los horarios preconcebidos, disfrutar de algún amanecer en el mar y muchos otros atardeceres lilas, malvas y esa amplia gama de colores cuyos nombres solemos desconocer los hombres. Y la música siempre a mi lado, acompañando en calidad de escudero el tiempo breve de los días de asueto. Mientras, espero otra vez el regreso a la libertad que suponen las vacaciones, escucho nuevos sonidos que se preparan para acompañarme en ese siguiente viaje que finalizará con la entrada de un otoño más doloroso que los anteriores y que recortará muchas de las ventajas laborales que he ido acumulando con el paso de los años, treinta y cuatro ya de actividad, aunque con el objetivo marcado de luchar contra los que pisotean nuestros derechos. Por desgracia, me he enterado hace un momento de que el Presidente del Comité Paralímpico español, se ha dirigido a los deportistas, que comenzarán a competir el próximo día 29 en Londres, como “La Roja coja”. Considero que en España los principales cojos son los señores y señoras del Gobierno y otros cargos políticos de responsabilidad de ese mismo signo. Es otro tipo de cojera que, además, va unida a la ceguera y a la ineptitud. Tal vez, ese tipo de deficiencia sea la peor.  Tendrían que aprender muchas cosas de esos “cojos” que luchan contra ellos mismos y por conseguir precisamente un trato más igualitario. Ya está bien, cada vez son más insoportables los populares que, por desgracia, nos gobiernan.  



lunes, 21 de septiembre de 2026

RESTAURANTE DE LAS MONJAS DE BELORADO


Estoy leyendo una novela de Denis Johnson  que se titula "Árbol de humo". En  uno de los capítulos del libro comenta que dos de los protagonistas van a comer a un restaurante que  gestionan monjas  budistas. Me pareció una idea excelente que esas religiosas que cocinan como  los ángeles puedan sacar adelante económicamente sus monasterios o centros religiosos sin necesidad de depender de otras instancias. Ciertamente, sería muy interesante para llevar a cabo en tantos monasterios y conventos que se están cerrando en España por crisis de vocaciones y, en segundo lugar, por falta de economía. Sería una manera de sostener su comunidad.

Como decía, el tema me pareció muy interesante e investigué sobre ello en Internet. Las primeras pesquisas me llevaron a restaurantes vegetarianos en la ciudad de Ho Chi Min que están vinculados a comunidades budistas, por ejemplo "An Ląc", regentado por tres monjas budistas y sirve comida vietnamita vegetariana o "Shamballa Sài Gòn". Comida, religión y negocio.


En esta búsqueda de información al respecto me sorprendió tremendamente lo que encontré a continuación: 

"El restaurante Santa María del Chicu en Arriondas (Asturias) nació a principios de 2025 como un proyecto de supervivencia económica para las exmonjas clarisas (excomulgadas tras su cisma con la Iglesia Católica) de Belorado. Tras apartarse de la autoridad de Roma y enfrentarse a embargos, bloqueos de cuentas y trabas para vender sus tradicionales dulces o chocolates, la comunidad se vio en una situación financiera muy delicada. El objetivo principal de abrir un nuevo negocio fuera de Burgos era generar ingresos suficientes para poder costear la manutención y el cuidado médico de las monjas de más edad que seguían en el convento".


Ya escribí en el Blog sobre estas monjas que no dejan de sorprenderme* . Sin embargo, la aventura duró menos de un año. Tras las Navidades de 2025-2026, el local cerró de forma definitiva debido al fuerte desgaste físico, psíquico y emocional acumulado por su principal cocinera, sor Myryam (Zaida Pinar), sometida a una fuerte presión mediática y judicial. 

Tras acogerse a una baja temporal de la comunidad religiosa y salir del convento, la propia cocinera retomó el espacio de forma independiente junto a su familia, desvinculándose por completo del foco cismático original.


Espectacular, la historia de las ex monjas de Belorado no tiene fin. 


Otra de las curiosidades de esta historia hace referencia al "Árbol de humo", libro de  Denis Johnson en el que he basado todo lo referente a los restaurantes de las monjas. Pues bien, las exmonjas de Belorado diversificaron sus vías de ingresos para sostenerse ante el bloqueo de sus cuentas bancarias por parte del Arzobispado. Además de la hostelería y la cría de perros, lanzaron iniciativas medioambientales y de apadrinamiento. En monasterios como el de Orduña, promovieron campañas para que los fieles y simpatizantes apadrinaran árboles y arbustos ornamentales —entre ellos variedades llamativas como el arbusto o árbol de humo (Cotinus coggygria) o acebos— con el fin de obtener liquidez y "enraizar" su causa de forma simbólica. Cuantas casualidades...



*https://asfoso.blogspot.com/2024/11/quien-perturba-la-paz-de-este-convento.html

  https://asfoso.blogspot.com/2024/11/monjas-clarisas-de-belorado.html

domingo, 20 de septiembre de 2026

CÁDIZ- 3. ALBERTO PICO Y LOS "CHICUCOS"


Alberto Pico (1931–2014) fue un icónico sacerdote, conocido popularmente como "el cura del Barrio Pesquero" de Santander, Allí sirvió como párroco durante cuatro décadas, convirtiéndose en una figura protectora indispensable para sus vecinos. Destacó por su profunda labor social en defensa de los colectivos más desfavorecidos y por su carácter transgresor y alejado de las doctrinas eclesiásticas rígidas.  Vinculado al socialismo cristiano, dedicó su vida a combatir la pobreza, cooperar en proyectos del Tercer Mundo y promover la educación. Era un hombre costumbrista y recordado por anécdotas singulares, como su rutina diaria de alimentar a las gaviotas de la bahía al amanecer. 

Además, fue mi profesor de religión en la filial del Instituto José María de Pereda del Barrio Pesquero, que ahora lleva su nombre "IES Alberto Pico", todo un honor para sus antiguos alumnos en particular y para la población santanderina en general. Recuerdo varias anécdotas de esa etapa. Tenía una vespa y, rara vez llegaba puntual a dar sus clases, unas veces se quedaba sin gasolina (muchas veces nos pedía dinero para comprar combustible), otras tenía que atender a algún vecino, el caso es que sus clases se convertían en media hora sin él y otra media cagándose en todo por lo que le había ocurrido. Aprendí mucho en esas clases de religión, no importaba lo que fueras ni de donde vinieras, lo importante era ayudar al prójimo. Esas cosas no se encontraban en los libros de texto, lo enseñaba Alberto Pico demostrándolo con una vida dedicada a hacer el bien. Me impactó su personalidad.
Un día nos dijo que con los alumnos más mayores iba a realizar una excursión a Cádiz. Al regreso de esa excursión vino a clase cagándose en todo, literalmente. Los chicos que le acompañaban decidieron quedarse a jugar a los "bolos montañeses" en una bolera de un bar cántabro (a continuación os contaré sobre los cántabros en Cádiz) en vez de realizar una visita guiada a la ciudad.
La presencia de montañeses —es decir, cántabros— en Cádiz capital fue enorme, especialmente desde los siglos XVIII y XIX. De hecho, a Cádiz se la llegó a denominar «la Montaña del Sur» por la cantidad de emigrantes procedentes de Cantabria. 
Muchos jóvenes de los valles cántabros bajaban a Cádiz para trabajar, normalmente como mozos o dependientes en tiendas de familiares o paisanos. El comercio con América convirtió Cádiz en un gran centro de oportunidades. Con el tiempo, muchos acabaron abriendo sus propios negocios. 

Se especializaron sobre todo en: Ultramarinos y comestibles,  vinos y licores, bares y restaurantes, comercio relacionado con el puerto y negocios navieros. A estos jóvenes que llegaban a Cádiz se les empezó a llamar «chicucos». La Casa de Cantabria de Cádiz señala que en 1917 había unos 330 establecimientos regentados por cántabros en una ciudad que entonces tenía unos 67.000 habitantes. 

Y no se trataba solamente de comerciantes modestos: algunas familias montañesas llegaron a acumular grandes fortunas y tuvieron una importante influencia en la vida económica y social gaditana.

Además, en Cádiz todavía quedan negocios, edificios y apellidos vinculados a aquellos montañeses. La relación fue tan intensa que recientemente se ha publicado incluso el libro Cántabros Ilustres en Cádiz, presentado en el Ateneo de Cádiz en febrero de 2026. 

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LOS JÁNDALOS

El término jándalo se refiere históricamente a la persona originaria de Cantabria (antiguamente conocida como La Montaña) o del norte de España que emigraba a Andalucía

El origen del nombre proviene de la forma en que estos emigrantes montañeses intentaban imitar y pronunciar con un acento exagerado o aspirado la palabra "andaluz" (jandalú).

LOS CHICUCOS

 En lugares como Cádiz, los jándalos que ya tenían un negocio establecido traían a jóvenes parientes o vecinos del norte (de entre 11 y 15 años) para trabajar como aprendices. A estos muchachos se les llamaba "chicucos", un término que quedó tan arraigado en la cultura gaditana que hoy en día la expresión "voy al chicuco" todavía se utiliza localmente para referirse a ir a hacer la compra.

CÁDIZ- 2. JEREZ Y COSTA GADITANA

Foto: "Perder el rumbo-Blog"

En ese viaje que describía en la entrada anterior, aprovecharé también para visitar Jerez de la Frontera y Mérida. Por Mérida paso casi todos los años una o dos veces cuando me dirijo a Huelva o a Extremadura, pero a Jerez me pasa lo mismo que con la ciudad de Cádiz, que hace 40 años que no la visito. Estuve por la zona de El Puerto de Santa María en ese viaje a Jerez y también en otro, con motivo de un campeonato de España de Bádminton. Sin embargo, de Jerez recuerdo pocas cosas, la plaza de la  catedral y la bodega  de Álvaro Domecq que visitamos. Sin embargo, quiero profundizar más  Jerez  durante un día completo y quedarme a dormir, disfrutar de sus tapas y del ambiente,  y al día siguiente visitar Mérida y dormir allí. De esa manera, concluiría un viaje que tengo muchas ganas de realizar, dejando para otra visita a la provincia gaditana la zona de El Puerto, Rota, Chipiona, Trebujena y Lebrija, ya en Sevilla. (Medina Sidonia y Setenil de las Bodegas para la siguiente. La provincia de Cádiz tiene mucho que ver).

Recuerdo que desde Tarifa realizamos alguna visita a la provincia de Cádiz, concretamente a Zahara de los Atunes, la duna y playa de Bolonia -casi salvaje-, el Conjunto Arqueológico Baelo Claudia, construido por los romanos en el siglo II a.c. Toda esa parte del Mediterráneo que tiene inmensas playas y  una gastronomía gaditana con  platos típicos como son el pescaíto, el cazón en adobo, la mojama, las papas con chocos, el pucherito o la caballa con piriñaca. 

La parte del Atlántico gaditano la visité en dos o tres excursiones desde la provincia de Málaga y desde Sotogrande. En Algeciras he estado en tres ocasiones, una de ellas para viajar en coche a la vecina Marruecos, las mismas que he visitado el territorio británico de Gibraltar. 


(Continuará)

viernes, 18 de septiembre de 2026

CÁDIZ 1- TARIFA


Estoy preparando la estrategia para combatir el duro invierno. Después de seis meses disfrutando del mar y de la buena temperatura me enfrento a otra estación y, ahora, es el mejor momento para organizar ese tiempo invernal, aunque todavía me queda mes y medio de excelente temperatura.

Uno de mis destinos será Cádiz, a mediados de febrero, hay tiempo para ir planificando el viaje. Quiero estar cuatro días en la “Tacita de Plata” (su perfil, pequeño y recogido, recuerda a una pequeña taza) y regresar a lugares de la provincia que hace la friolera de cuarenta años que no visito. El tiempo avanza siempre de forma inexorable, no se puede detener ni evitar. 

Entonces tenía 27 años, un Dyane 6, matrícula “SO-3055-B”. Acampamos en el camping Tarifa, en playa de “Los Lances”. Montamos nuestra “tienduca de campaña”, nos sorprendió  el ambiente de la playa, las  furgonetas camperizadas con matrículas de toda Europa. Tarifa era entonces (y lo sigue siendo) uno de los epicentros europeos más famosos para los deportes de viento y olas, destacando como sumamente versátil tanto para el surf tradicional como para el kitesurf y el windsurf. En Tarifa sopla viento de poniente (que entra limpio desde el mar) o el viento offshore del noreste -Levante y Poniente-. El Estrecho de Gibraltar actúa como un embudo natural (efecto Venturi), acelerando las masas de aire y garantizando más de 300 días de viento al año, combinado con marejadas adecuadas. Todo un paraíso.


Cuando hicimos el check-in, el recepcionista me dijo que había visto por allí matrículas de toda Europa, pero que era la primera vez que veía una de Soria. Pensé, claro somos tan pocos que es imposible abarcarlo todo. Esa tarde nos perdimos por las típicas calles de Tarifa, cenamos algo en alguna taberna hippie plagada de extranjeros y regresamos al camping. No pudimos dormir prácticamente debido al intenso viento. Creo que acampamos tres noches y el viento fue potente e incesante, no me quedaron ganas de regresar, por tanto, en estos últimos cuarenta años. También recuerdo que allí vi los primeros aerogeneradores eólicos. Esos días, en la playa, los de matrícula soriana (a mucha honra) alucinamos con el espectacular ambiente de la playa, gente guapa y rubia con sus tablas impecables y sus vuelos aprovechando el viento. Chiringuitos con buena música y mejor ambiente…


(Continuará)

lunes, 14 de septiembre de 2026

LUZ SOROLLANA


 La luz ya es “sorollana” y al borde del mar una pareja de unos 35 años juega a las palas. Desde mi terraza la visión es formidable, esa luz de atardecer coloreando sus cuerpos. Y, además, juegan bien, da gusto verlos, pocas pelotas caen en la arena. A media milla pasa un barco de pesca, regresa de una faena rutinaria. Y, esta mañana (ya es otro día), pasó por delante de mi apartamento un catamarán que me tiene loco, siempre digo que cuando me toqué el “rasca de la ONCE” me compraré uno igual, el problema es que nunca juego. Mientras hablaba con mi amigo Agustín, al borde de la playa, a unos cuatro metros de nosotros, en el mar, un tiburón atacaba en  el aire a una lubina de buen tamaño, la vimos saltar tres veces con las fauces del tiburón abiertas de par en par y a punto de engullirla. No sé qué habrá pasado finalmente, ley de vida.

Volviendo al maestro Sorolla, siempre descubro en Levante nuevas luces al amanecer y, sobre todo, al atardecer, luminosidades excepcionales. Y recuerdo a Sorolla cada vez que descubro nuevos matices lumínicos, impresionismo en sus obras y en esos momentos fugaces en los que hay que estar bien atento a lo que va sucediendo minuto a minuto. 

Escucho el nuevo disco de  María Dueñas, “Homage to Heifetz”. Quería dormir un poco la siesta, pero estoy tan a gusto que la perdonaré.  

domingo, 13 de septiembre de 2026

DISCO DE LA SEMANA 23/26. "Live at Sydney Opera House"- THE CAT EMPIRE and Sydney Symphony Orchestra.


"Live at Sydney Opera House"- THE CAT EMPIRE and Sydney Symphony Orchestra.

Género- Ska, Jazz, Reggae, latino, Rock alternativo.
Sello- BMG Rights Management (Australia) Pty Ltd.
Fecha de lanzamiento- 20 de mayo de 2026
Duración- 01:41:37
El álbum en vivo *Live at Sydney Opera House* es una colaboración monumental entre el colectivo australiano The Cat Empire y la Orquesta Sinfónica de Sídney. Grabada en el emblemático escenario de la Ópera de Sídney, esta obra de gran envergadura fusiona la energía característica de la banda —una mezcla ecléctica de ska, jazz, reggae y ritmos latinos— con la profundidad cinematográfica y la potencia académica de la orquestación clásica. La interpretación conjunta de los grandes éxitos del grupo revela nuevas dimensiones texturales en temas ya conocidos, transformando el espectáculo en vivo en una vibrante celebración de la cultura musical australiana. El lanzamiento demuestra un dominio interpretativo excepcional por ambas partes, difuminando con éxito las fronteras entre la escena de la música independiente y la tradición clásica.

EL OTOÑO SIEMPRE PRESENTE

El final del verano siempre ha marcado la conclusión de una etapa anual. Es señal de buen tiempo, vacaciones, libertad de horarios, reunione...