Te me apareciste en un sueño. Yo te decÃa que por favor tuvieras cuidado porque en los próximos meses te ibas a morir. Vos me decÃas: ¡¿qué?! Mientras te reÃas en esa media lengua que mantenÃa lo universal de la sonrisa compartida. Y te seguÃas riendo, como si fuera un disparate. Y sÃ, lo era. Y sÃ, aún lo sigue siendo. Aunque sea increÃblemente real.
TodavÃa no llegábamos a los 30. Vos estabas destruida porque te acabas de enterar que se habÃa muerto un amigo en un accidente de auto. En medio de la desolación e incomprensión absoluta me dijiste: - Y claro, ¿sabés por qué se murió Juli? Porque no era de este mundo. Era demasiado especial para seguir acá. Hoy, en el medio de mi incomprensión absoluta, recordé de golpe ese diálogo. Y entiendo que una vez más tenÃas razón, Lula. Eras demasiado especial para seguir en este mundo.