Suelo recordarte cuando dejo la toalla hĂşmeda en el piso del baño, cuando se me queda abierta la puerta del refrigerador o el domingo en la mañana cuando el panorama más entretenido era acompañarte a donde tu quisieras ir, sin importar donde, eras tĂş y yo. Yo y todo lo que quiero ser, yo y tus historias y tus poemas y tus tragos y tus recuerdos de bares añejos, de noches negras... tan parecidas a las mĂas.Eres tan igual a mi.
Hoy te vi, tenĂas el pelo más corto, las cejas más largas, los ojos como siempre amarillos igual que parte de tu barba y dientes por todas las cajetillas de cigarros de tu vida. La misma chaqueta, el mismo olor, la sonrisa caĂda, el cansancio a cuestas, cargado, triste como siempre, adolorido, herido como un venado pequeño. Y olĂ como siempre la pena y la sentĂ mucho antes de que me saludaras. RecordĂ© tu casa vieja, tu refrigerador vacĂo, los platos sucios y tu cama deshecha, tu máquina de escribir y los kilos de hojas de roneo escritas, algunas amuñadas, arrojadas en cualquier parte menos en el basurero. RecordĂ© la botella de wishky, tu telĂ©fono antiguo, el polvo de tus muebles, todo sucio y despreocupado como tu, tu cámara fotográfica, el periodista en ti, mis ganas de ser. El precio de una infancia que mata en la mitad, de la vida a patadas, de piedrazos en la espalda, sĂ, tu vida dura.
Y caminamos... Abusando de las vitrinas, del aire del centro, miraba tus pies, tus pies porque no siempre logro verte la cara, porque siempre pienso en ti cuando estoy contigo. Recordando, recordando cosas, golpes, gritos, palabras a la fuerza, bailes. Y hoy, hoy me viste llorar, como lloro siempre, pero como nunca lo habĂas sentido, y estábamos solos y no habĂa nadie más y no tuve escapatoria y no supe que guardar. Nunca como antes vomitĂ© palabras pensando en nada y en todo lo que no quiero pensar. Contándote que las cosas piensan por mi, mientras yo no quiero sentir nada... Y me miraste... y te vi tan claro y cerrĂ© los ojos para que no doliera más, para no seguir contando las horas de tu partida, y cerrĂ© los oĂdos para no escuchar tu silencio, el mutismo artĂstico en el que sueles caer cuando la vida te golpea, cuando mi vida te cae en las manos.
CerrĂ© la puerta para que no te llevaras lo que me trajiste por horas. Cada paso, cada segundo era un abandono y no pude inventar la manera de detener el tiempo, abrazarlo, atraparlo, gritarle que no sigan corriendo los minutos, porque no quiero que te vayas de nuevo. No me des la vida si me la quitas, no armes esa maleta en mi cara ni cuentes los libros que has leĂdo ante mis ojos impávidos, ante mis brazos tiesos con miedo de abrazarte. No me sigas recordando lo mucho que te admiro, lo tanto que te amo, la falta que me haces, lo dolorosas que son las noches sabiendo que no estas en el primer piso leyendo y tomando o fumando y tomando antes de dormir, escuchando jazz, jugando con tus bigotes mientras yo veo desde la escalera en una esquina como repiensas tu vida, como evalĂşas tus años, como te crecen las manos, como las mĂas se hacen más pequeñas a tu lado.
Y yo estaba ahĂ, cuadras atrás, con los ojos empañados contemplando una vez más como mi padre se va.




