Sobre el respeto y eso.
Escribir
como aficionado y compartirlo en un blog o en un muro tiene estas cosas. Señor
dame paciencia.
Me
resulta curioso que muchos de mis escritos, es igual el tema, a veces son
comentados amablemente con un delicioso sentido del humor rayando en lo
permitido por el buen gusto.
Antes,
esto que en general era contestado por mí con energía y bastante mala hostia
motivaba que, a partir de ahí, esos mismos inocentes escritos fueran ignorados por
aquellos comentaristas y por otros posibles. Quiero decir que desde que mi
respuesta no era amable no me comentaba ni dios.
El
tiempo es inexorable, el próximo febrero cumplirá este blog 20 años dejando un
texto cada día. Encontré aquí una manera sencilla de compartir lo que escribo,
no hago mal a nadie y a mí me sirve de liberación. Seguiré haciéndolo.
No me
molestan los comentarios graciosos (no confundir con ingeniosos), me molesta
que alguien me diga desde el anonimato lo que seguro (os lo juro) no me diría
en persona, la falta de respeto.
Y no
tengo mal carácter, tengo la educación suficiente que me dura al menos hasta
que alguien se pasa de list(ill)o.
Porque
lo que en realidad me molesta es que a estas alturas me da muchísima pereza
contestar a personas que en el fondo hasta puede que sean majas, aunque esto no
lo sé ni me importa. No tengo ni tiempo ni ganas. Me aburren mucho los espabilados.
Pues eso.









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