
Las persianas se levantaron el martes y el vidrio no hab铆a pegado un ojo. Parado, como siempre, lo estrellaba una idea, como nunca. Faltaba la semana que esperaba todo el a帽o, pero eso era cuando todav铆a cre铆a en el esp铆ritu festivo, apenas unos d铆as previos al primer feriado de diciembre, de ese lunes.
El calvario empez贸 con el adi贸s al domingo. Un grupo alterado de brasile帽os bajaron sus cierres y salpicaron orina contra su torso. Batallaba contra el vaho, mientras esperaba que el maestranza de las galer铆as lo oliera, que le acercara la manguera, nada m谩s. Pero el buen hombre afronta un conflicto con el consorcio por las horas extra y nunca apareci贸.
Hace unos a帽os las piedras lo dejaron sensible al tacto. El compa帽ero hab铆a ligado balas de goma y la familia, acostumbrada al ne贸n, le rog贸 que pidiera un traslado a una zona m谩s tranquila que el Congreso. Tozudo, crey贸 que as铆 terminar铆a d谩ndoles la raz贸n a los canallas de sus clientes. Mal que mal sigui贸 al frente hasta que pasaron los brasile帽os, se borr贸 el portero y llegaron algunos chicos contentos por la comuni贸n. Despu茅s de esas biblias al viento, de los billetes simb贸licos, todos los que caminaban cerca empezaron a mirarlo: los due帽os del s煤per mercado lo hicieron de costado, una chica que no llegar谩 a las playas se tap贸 la cara con la revista, los chicos que limpiaban parabrisas bajaron la voz, el cielo se hizo sepia y una se帽ora grande (quien pertenecer铆a a las abuelas de los comulgados) se crey贸 pose铆da cuando no encontr贸 el reflejo de su imagen.
La humedad de la siesta le dio una tregua porque se encendieron los aires acondicionados del primer piso y un surco de agua trajo alivio. Cuestion贸 el rechazo de los ciegos, a algunos insult贸, deseaba no volverlos a ver, reflexion贸 que los canallas no eran tan desagradables, que cuando la chica sin playas cumpli贸 la dieta se llev贸 su piropo, que un ratito cerca suyo no le hac铆a mal a nadie, un comentario y chau, nada m谩s, como la manguera que no llegaba. De repente sonaron villancicos, las luces titilaban, otras se encend铆an hasta que un empleado lo not贸: el viernes, mientras cerraban la caja, la nueva se olvid贸 de ce帽ir el pantal贸n del traje de Pap谩 Noel. Para esc谩ndalo, el maniqu铆n era el que usaba lencer铆a nocturna en la liquidaci贸n de noviembre. La nueva no volvi贸 m谩s. Y el vidrio pidi贸 el traslado.












