dimarts, 9 d’abril del 2019

Poetizar en tiempos de internet. (I)


   El poeta y novelista Miguel Astur ha publicado un art铆culo sobre la difusi贸n masiva de textos, presuntamente po茅ticos, a trav茅s de las redes sociales de internet que est谩 produciendo pol茅mica en el grupo de fil贸logos y fil贸logas de Facebook. Pol茅mica en la que se discute sobre asuntos de dif铆cil resoluci贸n como definir el concepto mismo de “poes铆a”, la manera m谩s objetiva posible de determinar qu茅 es buena poes铆a o mala poes铆a, la difusi贸n masiva de la poes铆a y su aceptaci贸n tambi茅n masiva, el car谩cter elitista o no de la poes铆a... En fin, esas cosas sobre las que disfruta discutiendo la gente del gremio. Yo tambi茅n quiero decir algo, adem谩s de que estoy de acuerdo con la tesis de Astur que rechaza la supuesta poes铆a de masas de naturaleza y difusi贸n postmoderna; porque mostrar acuerdo es decir muy poco, claro.
    Miguel Astur empieza su art铆culo definiendo algo as铆 como la unidad po茅tica m铆nima: la interpretaci贸n intencional de un signo est茅tico que ofrece la realidad o, mejor dicho, la conversi贸n de un dato de la realidad en signo y la asunci贸n de ese proceso como descubrimiento, como (en palabras de Violeta Parra) un “descifrar signos”. Alguien relaciona un significante con un significado, produce un signo, y lo adjudica a un concepto que no lo ten铆a. 脡ste es, dicho de manera algo grosera, el funcionamiento de la met谩fora. As铆 pues, el trabajo po茅tico es, primordialmente, una labor hermen茅utica sobre la realidad, un ejercicio de interpretaci贸n simb贸lica del mundo. Que ese ejercicio tenga su origen en la necesidad de dar forma comunicable al sentimiento propio, a un anhelo de conocimiento o al puro juego es, en cierta manera, indiferente. Lo esencialmente po茅tico es, creo, el trabajo semi贸tico intencional sobre el mundo con inter茅s est茅tico.
   He aqu铆 que el aprendiz de poeta ha relacionado el significante “dientes” con el significado “luna llena” para expresar su deslumbramiento ante la sonrisa de la amada. Muy bien hecho: la intuici贸n po茅tica no anda muy lejos de la “iluminaci贸n” como fen贸meno de resoluci贸n de problemas que estudia la psicolog铆a (“insight”, dicho sea con una palabra inglesa). Pero el descubrimiento de ese signo que antes no exist铆a no es tanto “creaci贸n” como “producci贸n”, pues se sostiene sobre materiales previos: signos ya existentes, un c贸digo en el que adquieren significado y la necesidad de la existencia de una comunidad de interpretadores de significados. La primera persona que dijo “la falda de la monta帽a” o “el cuello de la camisa” realiz贸 un trabajo hermen茅utico sobre la realidad al producir intelectualmente, de manera individual pero condicionado socialmente, un signo intercambiable: alguien m谩s debe conocer el significado de “monta帽a”, “falda” y “relaci贸n de semejanza”. De igual manera, la muchacha que canta que su “amado est谩 a la puerta” o que viene del “r铆o” realiza un trabajo intelectual e intercambia signos conocidos en una comunidad simb贸lica que conoce las claves de interpretaci贸n de esos signos.
   As铆 pues, el acto de creaci贸n y comunicaci贸n po茅ticos constituye un trabajo intelectual de interpretaci贸n intencional de signos orientado, fundamentalmente, a la expresi贸n y percepci贸n est茅tica. Este trabajo es desde su mismo inicio una tarea “formal” de “desvelaci贸n” de realidades (dar forma perceptible a significaciones ocultas) e implica un desarrollo formal (m谩s trabajo) de las significaciones con base (Jakobson) en la recurrencia que fundamenta todo el andamiaje al servicio de la formalizaci贸n primera: rima, ritmo, m茅trica, etc. Todo ello contribuye a la difusi贸n e intercambio inteligible de los signos po茅ticos en la comunidad simb贸lica que reconoce (y se reconoce) en determinada formalizaci贸n (romance, z茅jel, villancico... lo que sea).
   El problema (nos) surge cuando la comunidad simb贸lica tradicional (el interpretador colectivo de s铆mbolos) se diluye con la modernidad y se destruye con la postmodernidad.
     Ma帽ana sigo, que me canso.



dimarts, 5 de mar莽 del 2019

Palinodia feminista



I
A principios de nuestra Transici贸n Democr谩tica era habitual hablar en ambientes obreristas del “terrorisma patronal”; incluso hab铆a pintadas en las que se le铆a “obrero muerto, patr贸n colgado”. Y todo ello en referencia a las muertes y lesiones que se produc铆an en el trabajo: accidentes laborales, enfermedades profesionales, etc. En los mismos ambientes, sin embargo, no era raro o铆r (incluso leer) barbaridades dirigidas a las mujeres como “si te violan, rel谩jate y disfruta” o chistes jocosos (como en un art铆culo relativamente reciente de Almudena Grandes) sobre violar monjas; hasta mensajes protoanimalistas en los que se denunciaba que por culpa de las mujeres burguesas “matan focas para vestir zorras”. Afortunadamente hoy en d铆a este 煤ltimo grupo de memes (en el sentido original del t茅rmino), o ideologemas, ser铆a inaceptable al menos en el pensamiento de izquierdas. En cambio, las muertes que se producen en el mundo del trabajo han ca铆do en desgracia en cuanto a su repercusi贸n popular y reivindicaci贸n prioritaria de los partidos obreros. En nuestra agenda de preocupaciones sociopol铆ticas el acoso en el trabajo, por ejemplo, ocupa un lugar preeminente sobre las muertes y lesiones que se producen en el trabajo. Las obreras muertas por el s铆ndrome Ardystil (dos de ellas hermanas de dieciocho y veinte a帽os de edad), con los moldes ideol贸gicos hodiernos, hubieran sido consideradas v铆ctimas, en tanto que mujeres, del machismo heteropatriarcal y no, como obreras, del capitalismo criminal. L谩stima que Ardystil fuese propiedad de una mujer condenada a la postre a s贸lo seis a帽os de prisi贸n.
Este cambio en las preocupaciones y la sensibilidad respecto a la injusticia social de seg煤n qu茅 violencias, qu茅 v铆ctimas y qu茅 muertes requiere de an谩lisis pol铆tico.
La contraposici贸n de los dos fen贸menos que comento es interesada, por supuesto, pero no arbitraria porque supone una muestra de lo que hay al fondo de la cuesti贸n: la normalizaci贸n, la destematizaci贸n, si se quiere la naturalizaci贸n de la muerte y la violencia como algo asumible en el modo de producci贸n capitalista y la problematizaci贸n y tematizaci贸n de la muerte y la violencia en el modo de producci贸n dom茅stico o Patriarcado.

II
Dec铆amos ayer (me encanta esta frase) que ciertas formas de violencia con resultado de muerte y lesiones carecen de eco popular mientras otras levantan olas de indignaci贸n y adelant谩bamos la hip贸tesis de que aqu茅llas se contemplan como algo normalizado mientras que 茅stas se perciben como injusticia y esc谩ndalo. Ambas formas de pensar, en tanto que son eso, “formas de pensar” constituyen fen贸menos ideol贸gicos. Digamos que el hecho de que un obrero o una obrera muera mientras trabaja (o mientras acude al trabajo o cuando lo abandona) es algo conforme a alg煤n tipo de sistema ideol贸gico compartido que lo percibe como “accidente” sin culpable personal identificable, mientras que el asesinato de una mujer a manos de un hombre es inasumible desde cualquier consciencia de la realidad que aspire a la universalidad. Demos un rodeo para intentar entender este galimat铆as.
Creo que no es descabellado definir un “sistema ideol贸gico” como un conjunto de proposiciones consideradas verdaderas que act煤a como una especie de canon respecto al cual nos es l铆cito enjuiciar la realidad social. El juicio “los l谩pices son objetos de escritorio” dif铆cilmente puede considerarse ideol贸gico. En cambio “todas las mujeres son astutas” s铆 es un juicio que remite a una “ideolog铆a” dentro de la cual adquiere valor de verdad o, al menos, de justicia. El “machismo” como sistema ideol贸gico deber铆a, si tuviese un car谩cter incontestado, tener poder para naturalizar la muerte de una mujer en seg煤n qu茅 circunstancias, de la misma forma que la ideolog铆a dominante en el capitalismo puede modelar las conciencias para que la muerte de un obrero en el proceso de poducci贸n pase inadvertida.
La ideolog铆a patriarcal, en una situaci贸n “ideal” de dominio, tuvo tal poder y su sistema de proposiciones “verdaderas”, m谩s o menos, ser铆a el siguiente:
-Desde un punto de vista f铆sico, el var贸n es m谩s fuerte que la mujer.
-Desde un punto de vista intelectual, el var贸n es m谩s inteligente que la mujer.
-Desde un punto de vista moral, el var贸n es m谩s bueno que la mujer.
Estos tres axiomas se resumen en uno: “el var贸n es superior a la mujer”. Y esa superioridad implica una serie de deberes: el var贸n fuerte debe proteger a la mujer, el var贸n sabio debe ense帽ar a la mujer, el var贸n bueno debe adoctrinar a la mujer. A cambio de esa protecci贸n, ense帽anza y mejora la mujer debe, en un intercambio justo, satisfacer al var贸n, darle hijos, asegurar su bienestar. Es un sistema justo que deber铆a imponerse por su propia evidencia. Sin embargo la inferioridad moral y f铆sica en la mujer produce un tipo especial de sabidur铆a (la astucia) mientras que la superioridad moral y f铆sica del var贸n produce un tipo especial de ignorancia (la ingenuidad). La mujer es d茅bil pero astuta, el var贸n es fuerte pero ingenuo. Este fallo en el justo sistema de correspondencias obliga a que el poder ben茅fico del var贸n deba ser asegurado por una estructura pol铆tico-jur铆dica y una superestructura ideol贸gica (sapiencial, moral, filos贸fica, religiosa) que en 煤ltima instancia traduzca el principio “el var贸n es superior a la mujer” en la ley “el var贸n tiene derecho de vida y muerte sobre la mujer”.

III
El car谩cter palin贸dico de estas letras obliga a comentar la relaci贸n personal con el tema. Mi relaci贸n con la teor铆a feminista fue anterior a mi contacto con el marxismo. O, mejor dicho, fue la condici贸n de posibilidad (como dicen los fil贸sofos listos) de mis lecturas marxistas a partir de una pregunta: todas esa ideolog铆a patriarcal, todas esas actitudes de las que Eva Figes levanta acta en su libro (creo que el primero feminista que le铆) Actitudes patriarcales: las mujeres en la sociedad, todo eso ¿por qu茅? La insistencia en el car谩cter natural, justo, inevitable del dominio del var贸n sobre la mujer presente en textos de 茅pocas que abarcan desde la remota Antig眉edad hasta nuestros d铆as pasando por la Antig眉edad Cl谩sica, la Edad Media y la Modernidad... ¿por qu茅? El Materialismo Hist贸rico postula la necesidad de que exista una base econ贸mica que soporte la superestructura ideol贸gica, pero el Patriarcado, como ideolog铆a sobrevive y se perpet煤a en el Esclavismo, el Feudalismo, el Capitalismo ¿el Socialismo? S贸lo cabe responder que o bien el Patriarcado no es una ideolog铆a sino una forma no ideol贸gica de pensamiento, es decir, no una falsa conciencia de la realidad sino un molde discursivo que recupera el mundo social de manera veraz (“todas las mujeres son astutas” vendr铆a a ser una proposici贸n semejante a “todos los mam铆feros son vertebrados”); o bien el Patriarcado es expresi贸n ideol贸gica de un modo de producci贸n que sobrevive a los cambios hist贸ricos. Leer El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de F. Engels y, despu茅s, casi inmediatamente despu茅s, el primer tomo de La raz贸n feminista: La mujer como clase social y econ贸mica. El modo de producci贸n dom茅stico de Lidia Falc贸n supuso, para m铆, la respuesta a aquella pregunta y la apertura al continente (invasivo Althusser) intelectual y pr谩ctico del Marxismo.
Dejo aqu铆 abajo la definici贸n de Modo de Producci贸n Dom茅stico recogida en las tesis del Partido Feminista de Espa帽a.
Entendemos por modo de producci贸n dom茅stico la forma en que se producen los bienes precisos para el mantenimiento y la reproducci贸n de una sociedad humana, caracterizado por la existencia de dos 煤nicas clases, el hombre y la mujer, y la consecuente explotaci贸n sexual, reproductora y productora de 茅sta.
La fuerza productiva determinante del modo de producci贸n dom茅stico es la fuerza de trabajo humana. La tecnolog铆a est谩 totalmente ausente o muy poco desarrollada. La energ铆a humana es la principal y casi 煤nica fuerza de trabajo, y est谩 producida exclusivamente por una de las dos clases: la mujer. En esta divisi贸n del trabajo se halla la causa material de la explotaci贸n femenina.
Las relaciones de producci贸n entre el hombre y la mujer en el modo de producci贸n dom茅stico est谩n basadas en la dominaci贸n de 茅sta por aquel e incluyen la explotaci贸n sexual y la explotaci贸n productora a la par que la explotaci贸n reproductora. En esta dominaci贸n del var贸n sobre la mujer se asienta no s贸lo el poder de aquel, sino la perpetuaci贸n del modo de producci贸n dom茅stico a trav茅s de todas las 茅pocas.
La forma de explotaci贸n t铆pica del modo de producci贸n dom茅stico es la que se realiza diariamente sobre las mujeres en aras de la producci贸n de hijos. Las mujeres, por serlo, deben realizar las tareas dom茅sticas”.

IV
Apenas a dos d铆as de empezar el nuevo a帽o los telediarios informan del secuestro y la violaci贸n (entre dos hombres) de una menor, el apaleamiento de una mujer ante sus hijos, por parte de su marido, y el asesinato de una mujer a manos de su novio. Maltrato, violaci贸n y femicidio: las formas extremas de sometimiento de las mujeres al orden patriarcal personificado en el var贸n desconocido, en aqu茅l con el que la mujer mantiene relaciones no jur铆dicas y en aqu茅l con el que se convive de manera normativizada. El desconocido, el novio, el marido... El var贸n, en alg煤n estrato de cuyo inconsciente resuena el derecho de uso, de castigo, de vida y muerte sobre la mujer. Ese derecho ha desaparecido de nuestro ordenamiento jur铆dico positivo pero permanece como un atavismo ideol贸gico del tiempo en el que, efectivamente, constitu铆a “derecho”, al menos por lo que hace al castigo y a la muerte de la esposa. Si el Modo de Producci贸n Dom茅stico sigue existiendo en la base del Modo de Producci贸n Capitalista lo hace sin estructura pol铆tico-jur铆dica en tanto los “derechos” a los que daba origen son considerados delitos y delitos muy graves que son perseguidos mediante leyes excepcionales. Delitos que conmueven a la sociedad en su conjunto. Creo que es esta conmoci贸n, esta sensibilidad exacerbada, la prueba del car谩cter residual de la justificaci贸n ideol贸gica del MPD una vez 茅ste da sus 煤ltimas boqueadas, sus 煤ltimos zarpazos. Pues “violencia estructural” implica aceptaci贸n social e invisibilizaci贸n medi谩tica.
Volviendo a la comparaci贸n del principio de esta palinodia, hasta julio en 2018 murieron en accidente laboral en Espa帽a 307 trabajadores y trabajadoras. No digo esto a modo de esas argumentaciones capciosas, falaces y... deleznables que, a una injusticia manifiesta contraponen una injusticia num茅ricamente mayor que, de este modo, “justifica” (vuelve “justa”) aquella otra. O, al menos, la relativizan y restan importancia. Lo que pretendo es mostrar la diferencia entre violencia estructural ideol贸gicamente blindada (las muertes de obreros y obreras en el proceso de producci贸n) y violencia delictiva rechazada socialmente, abordada con medidas excepcionales y un谩nimente condenada por la ciudadan铆a. Salvo por los delincuentes.
Pero el rechazo, el dolor que nos provoca el sufrimiento de las mujeres que padecen el mordisco de la bestia herida de muerte del Patriarcado es tan s贸lo, creo yo, una muestra de la desestructuraci贸n de la violencia ya no sist茅mica contra la mujer.

V
El lugar de trabajo en el Modo de Producci贸n Dom茅stico es el hogar; su estructura productiva, la familia. A lo largo de estos 煤ltimos siglos la familia ha dejado de ser una unidad de producci贸n directa y ha pasado a ser una unidad de consumo pero ha mantenido las labores de reproducci贸n de fuerza de trabajo asumidas por las mujeres (esposas, madres, hermanas, hijas, nueras...). Es en este 谩mbito en el que la violencia contra la mujer (y contra los ni帽os, ni帽as, ancianos y ancianas) es estructural, invisible, y asumida por el conjunto de la sociadad como algo de car谩cter privado. Hasta hace relativamente poco tiempo no era raro o铆r que “eso” es cosa de la pareja en la que nadie debe meterse. Incluso cuando la violencia ten铆a como escenario un lugar p煤blico, el orden familiar la abarcaba y legitimaba. Todav铆a hoy asumimos como normal que una madre o un padre golpee en la calle a un ni帽o o a una ni帽a y encuadramos el acto, salvo violencia insoportable, en la funci贸n paterna/materna de correcci贸n. La violencia p煤blica contra la mujer, sin embargo, es, hoy d铆a, inasumible socialmente. S贸lo el miedo a una agresi贸n por parte del que maltrata a una mujer impide que alg煤n circunstante solitario intervenga en la paliza o la amenaza y en el 谩mbito privado se interviene a trav茅s de la denuncia. En gran medida la familia ha dejado de ser el reducto privado donde no entra la ley com煤n, en una sociedad postmoderna que ha abolido las fronteras entre lo p煤blico y lo privado.
El car谩cter estructural de la violencia contra las mujeres desborda, por lo tanto, el 谩mbito familiar y, por eso mismo, viene a encajar en una estructura superior que afecta a todos y que anula el MPD en lo postindustrial. Marvin Harris, el famoso antrop贸logo norteamericano, defin铆a la sociedad postindustrial no como aquella que hab铆a superado la organizaci贸n industrial del trabajo sino como aquella que extend铆a ese tipo de organizaci贸n jer谩rquico-burocr谩tica hac铆a 谩mbitos en los que era impensable: la sanidad, la ense帽anza, el comercio, la prestaci贸n de servicios... La familia. La familia tal como la conoc铆amos en el occidente capitalista se ha difuminado no s贸lo por la aparici贸n y reconocimiento legal de los “nuevos modelos de familia”, sino porque las funciones esencial铆simas que la hac铆an encajar en el molde del Modo de Producci贸n Capitalista est谩n siendo “externalizadas” en instituciones p煤blicas y privadas e incluso se someten a la divisi贸n internacional del trabajo: la reproducci贸n (y el control de la reproducci贸n) no tiene, de manera institucionalizada, un lugar privilegiado en la familia sino que depende cada vez m谩s de la autonom铆a de la mujer a trav茅s de relaciones ocasionales, reproducci贸n asistida e industrializaci贸n del aborto; la regulaci贸n legal de la prostituci贸n industrializa la satisfacci贸n sexual no reproductiva de los varones en nombre de la libertad de elecci贸n de las mujeres; la adopci贸n y compra de ni帽os y ni帽as desde los pa铆ses productores a los pa铆ses consumidores de beb茅s introduce la divisi贸n internacional del trabajo en la esfera de la reproducci贸n.
Creo que estas tres muestras de industrializaci贸n del trabajo femenino encastradas directamente en el modo MPC desmontan los restos del Modo de Producci贸n Dom茅stico, al menos en el occidente capitalista, y culminan la proletarizaci贸n de la mujer iniciada con la Revoluci贸n Industrial al tiempo que obligan al feminismo a fundirse con la teorizaci贸n socialista e ir m谩s all谩 de aquello en lo que se ha convertido.

VI
Es moneda com煤n en el discurso de la izquierda (o lo era) afirmar que la ideolog铆a burguesa potencia la instituci贸n familiar como estrategia para adormecer los impulsos revolucionarios del proletariado y convertirlo al conservadurismo biempensante. La Familia es uno de los Aparatos Ideol贸gicos del Estado, que dec铆a Althusser (junto a la Escuela y la Iglesia), y la pr谩ctica pol铆tica eurocomunista, ya arcaica, se propon铆a dar la vuelta a esos aparatos en su estrategia hacia el socialismo democr谩tico. Cu谩l era el sentido de ese “dar la vuelta” yo no lo s茅 muy bien. Pero dudo de la idea de base y de los resultados hist贸ricos de la estrategia: la Iglesia sobrevive con una salud aceptable, la Escuela es un marasmo desastroso que dif铆cilmente puede interpretarse contribuye a avanzar hacia el socialismo y la Familia... En la entrega anterior de esta palinodia comentaba que la funcionalidad de la instituci贸n se diluye en estructuras burocr谩ticas y econ贸micas postindustriales. La historia del capitalismo globalizador, por su cuenta, ya se encarga de dar la vuelta a la instituci贸n familiar (de desinstitucionalizarla) conduci茅ndola hacia su distop铆a 煤ltima: una sociedad compuesta por individuos atomizados que chocan entre s铆, o contratan entre s铆, buscando su beneficio privado. La mano invisible del mercado convertida en el pu帽o que golpea en todas las interacciones humanas.
El proletariado, sin embargo, ostinado en llevarle la contraria a sus te贸ricos, ha reivindicado hist贸ricamente la regulaci贸n y en su caso la prohibici贸n del trabajo para ni帽os y mujeres; ha luchado por el derecho a tener una familia de la que, como tantas otras cosas, era despose铆do y alienado. Y las mujeres, lejos de ser recluidas en el hogar por el capitalismo, forman parte fundamental de ese proletariado y su condici贸n proletaria en el MPC, como defend铆a Engels, es condici贸n necesaria de su liberaci贸n como mujeres en el MPD. El Feminismo, como doctrina de la liberaci贸n de la mujer, no puede ser sino parte del Socialismo... o contribuir, desde el Liberalismo, a la atomizaci贸n, individualizaci贸n y alienaci贸n absoluta de las personas. Y la clave, creo yo, est谩 en el valor que le demos, desde la izquierda, a la instituci贸n familiar.

VII
Dec铆a el otro d铆a que “la clave, creo yo, est谩 en el valor que le demos, desde la izquierda, a la instituci贸n familiar”. Y al otro polo de tensi贸n dial茅ctica: la proletarizaci贸n de las mujeres. Cuando el embri贸n de huelga feminista del a帽o pasado coment茅 que, en un d铆a h谩bil, la mayor铆a de interacciones que podemos tener en la sociedad civil se producen con mujeres: en el comercio, en la ense帽anza, en la sanidad, en la hosteler铆a, en la burocracia estatal o privada, en toda la ampl铆sima y determinante capa laboral que llamamos “sector terciario” cuya importancia econ贸mica y de funcionamiento socio-estatal es indiscutible.

Hace unos meses, la ministra de trabajo confesaba que le hab铆an “metido un gol” al ser registrado burocr谩ticamente un sindicato de prostitutas. La cuesti贸n es debatible, pero no veo posibilidad de debate en torno a la creaci贸n de sindicatos de “kelis”. De hecho se est谩n constituyendo sin mayor dificultad. No parece que exista impedimento alguno para que se creen sindicatos de mujeres en aquellas profesiones en las que son mayor铆a. Un sindicato “de enfermer铆a” es algo artificioso cuando pr谩cticamente todas las personas que trabajan en la “enfermer铆a” son “enfermeras” y mutatis mutandi lo mismo puede decirse de la “administraci贸n” y las “administrativas”, cajeras, peluqueras, empleadas de grandes almacenes y cadenas alimentarias, maestras, cuidadoras, profesoras, etc茅tera, etc茅tera, etc茅tera. No hay raz贸n alguna para que no exista una uni贸n sindical de trabajadoras que pueda convocar huelgas de mujeres sin necesidad de acudir a la cobertura legal (que falt贸 el 2018) de los sindicatos denominados mayoritarios y sus respectivas “secciones femeninas”. Imaginemos una huelga general de trabajadoras y su repercusi贸n en la ampl铆sima esfera de los servicios y la burocracia.
Creo que el feminismo deber铆a dirigir su atenci贸n a la proletarizaci贸n de las mujeres, al car谩cter proletario de la lucha feminista y su incardinaci贸n en la pugna general por una organizaci贸n socialista del mundo, en la que tienen cabida totalizante la hoy dispersa y desestructurada, cuando no contradictoria, centralidad de la preocupaci贸n por la seguridad ciudadana o la reivindicaci贸n de la 茅tica del cuidado junto a la criminalizaci贸n (incluso legal) del var贸n o la interferencia de las reivindicaciones LGTB en el 谩mbito feminista. En esencia, a mi juicio, el feminismo deber铆a optar por pol铆ticas universales y socialistas orientadas a la idea de clase y desechar pol铆ticas particularistas y liberales orientadas a la idea de identidad. Pol铆ticas de clase o pol铆ticas de identidad representan el dilema de la izquierda en general y del feminismo en particular. Y la preferencia actual por lo identitario, me parece a m铆, es ineficaz y contraproducente.
Queda por ver la “tesis” hist贸ricamente inicial o la “ant铆tesis” contempor谩nea: la familia. A ver si en la pr贸xima entrega lo termino pero, recuperando la idea de “palinodia”, quisiera decir que el traje identitario del feminismo realmente existente, considerar铆a estas reflexiones poco menos que como “mansplaining” y que ese aspecto del feminismo real (la negaci贸n de la posibilidad del debate con los varones -“son el puto enemigo; no los conocemos ni queremos conocerlos”-) es objetivamente perverso y provoca monstruosidades como leer a algunos hombres que se sienten “avergonzados” de pertenecer al sexo masculino. En la ideolog铆a patriarcal la mujer es el mal. Y eso es falso. Tan falso como el destino biol贸gico del var贸n hacia la violencia.

VIII
La familia y la organizaci贸n racional-burocr谩tica del trabajo, (el Modo de Producci贸n Dom茅stico y el Modo de Producci贸n Capitalista) ser铆an, pues, los polos dial茅cticos que requieren un tercero superador. O no. De hecho, m谩s que estructuras contrarias parecen, hist贸ricamente, vasos comunicantes: el origen del feminismo contempor谩neo se sit煤a en la vuelta al hogar a que fueron forzadas las mujeres occidentales tras su paso por la industria b茅lica durante la II Guerra Mundial y, por otra parte, los empleos a los que acceden la mayor铆a de las mujeres derivan de su actividad “natural” en la familia; algunos de ellos no problematizados (ense帽antes, enfermeras, cuidadoras, administrativas, limpiadoras, distribuidoras, asistentes sociales) y otros problematizados (prostitutas, madres de alquiler). Adem谩s, la costumbre de buscar una s铆ntesis, una soluci贸n, a cualquier choque de contrarios no deja de ser casi una superstici贸n. Creo que debemos aceptar la existencia de la familia y del mercado de trabajo y considerar ambos 谩mbitos como lugares para la tarea emancipatoria.
Hoy por hoy parece imponerse la confusi贸n en ambos terrenos. Nuestra izquierda al uso se engolfa en la continuidad biol贸gico-familiar de las ideolog铆as (“somos biznietos, nietos, hijos, sobrino-nietos de los obreros fusilados o hijas de las brujas que no pudiste
is quemar, etc.”) al tiempo que se emplea a fondo en la destrucci贸n de la familia que (no alcanzo a comprender por qu茅) se tacha de “tradicional” y en la dispersi贸n del concepto en pluralidades cada vez m谩s ex贸ticas; el indefinible concepto de “gente” que ha sustituido al de “proletariado” en el imaginario calenturiento de la izquierda real tiene su paralelo en el absurdo concepto de “mujer” que abomina, en gran parte del feminismo, de una base biol贸gica para su definici贸n. Estos dos marcos conceptuales desvinculados de la realidad objetiva (lugar que se ocupa en el proceso de trabajo / pertenencia al sexo femenino) producen un sujeto emancipador no ya “plural” sino absolutamente “disperso” e ineficaz que se agota en la manifestaci贸n, el escrache, la aritm茅tica de la presencia masiva.

dissabte, 16 de febrer del 2019

El nuevo orden de 脥帽igo Errej贸n y III


Hace ya casi dos a帽os perpetr茅 un par de textos que comentaban el art铆culo de 脥帽igo Errej贸n tituldo “Occidente en su momento populista”. Escrito muy sugestivo que, creo yo, est谩 en el origen (entre otras desviaciones respecto al dogma pablino) del ostracismo que sufri贸 su autor en Podemos, hasta que se le hincharon las cosas susceptibles de hinchaz贸n y se fue y a su barco le llam贸 libertad. El segundo de esos comentarios a los que me refiero terminaba as铆: “¿Podemos ser ciudadanos sin alg煤n tipo de v铆nculo que trascienda el mero contrato? ¿Somos, en alguna medida, “comunidad”?” Y promet铆a una tercera entrega que nunca lleg贸. Y no lleg贸 porque, en realidad,  se trata de preguntas que o no tienen respuesta o la que tienen es dif铆cil de aceptar e incluso de entender: no, no somos “comunidad”. Es m谩s no debemos serlo. Y s铆, podemos ser ciudadanos sin necesidad de ning煤n tipo de v铆nculo que trascienda al mero contrato.
Lo de la “comunidad” y la “sociedad” viene a ser, seg煤n he le铆do en alg煤n manual de Sociolog铆a, cosa de pronombres: somos individuos “sociales” cuando establecemos relaciones en las que predomina el “yo”, el inter茅s individual; somos personas “comunitarias” cuando estamos inmersos en relaciones en las que prodomina el “t煤”, el bien de aqu茅l con el que convivimos y que, de alguna manera, nos constituye y sin el cual casi ni siquiera somos. Defiendo el inter茅s, en abstracto, de las cajeras de Mercadona o de los obreros de la Ford, pero antepongo el bien de mi esposa o de mi hijo al m铆o propio. Hay una sutil diferencia entre estos dos mundos que, en nuestra convivencia real, se yuxtaponen, solapan e interfiern entre s铆. No hay sociedad pura ni comunidad pura. Hay momentos-contrato societarios (la compraventa, la burocracia) y hay momentos-v铆nculo comunitarios (la familia, la amistad, la fe). Reducir los segundos a los primero es caer en la anomia y la desesperaci贸n, es una forma de no-ser. Reducir los primeros a los segundos... es una propuesta pol铆tica monstruosa que diluye el “t煤” y el “yo” en un “nosotros” atrayente y repulsivo a la vez, tranquilizador y aniquilador.
La propuesta populista parece optar por alg煤n tipo de comunitarismo toda vez que Errej贸n plantea, en el art铆culo del que habl谩bamos al principio, la “reconciliaci贸n de la comunidad”. Una suerte de colonizaci贸n del Sistema (dinero y poder) por parte del Mundo de la vida, regido por una l贸gica diversa del beneficio individual. No creo que sea una interpretaci贸n torticera de los requerimientos populistas situar en ese marco te贸rico las llamadas a la “construci贸n del pueblo”, constituido por el “99% de la poblaci贸n”, “el bloque nacional-popular” la “feminizaci贸n de la pol铆tica” o la “茅tica del cuidado”.
Dicho en otras palabras: el populismo como ideolog铆a de la izquierda postmoderna en su b煤squeda de amparo comunitario no puede ser “de clase”, s贸lo puede ser “identitario” pues rechaza que “para poder verse como ciudadano en el espejo m谩gico del relato pol铆tico contempor谩neo cada persona […] haya de prescindir de su sexo, de su cultura o su naci贸n, de su raza, de su condici贸n social, etc.” La cita de es Juan Ram贸n Capella y viene a mostrar una preocupaci贸n que tambi茅n comenta Isaiah Berlin: “Las 煤nicas personas que pueden reconocerme [...]son los miembros de la sociedad a la que siento que pertenezco hist贸rica, moral, econ贸mica y, quiz谩 茅tnicamente. Mi yo individual no es algo que se pueda desligar de mi relaci贸n con los dem谩s.
Del “desligamiento” moderno a la nostalgia por el “religamiento” premoderno moral, religioso, nacional y 茅tnico. El populismo, a contra historia, nos propone la vuelta a la solidaridad mec谩nica de las comunidades premodernas y el 煤nico cemento ideol贸gico del que puede echar mano (por m谩s met谩foras que aviente) es la naci贸n, la etnicidad, la lengua... toda la basura reaccionaria del nacional-populismo ya se transfigure en los test铆culos de don Pelayo o en la ben plantada bailando una sardana y partiendo troncos con el sobaco mientras se jala un arr貌s al forn antes de saltar la valla de la Blanca Paloma y tirar la cabra desde el campanario... bueno eso no.
Plant茅ese la izquierda que no haya enloquecido de an谩foras, met谩foras, paralelismos y retru茅canos, es decir, comunistas y socialistas (PCE y PSOE), si es correcto dejarse abducir por semejantes mamonadas de “gente, naci贸n, comunidad” y tirar a la basura la clase, el estado, la sociedad. Y si no... que les den.



dimarts, 13 de febrer del 2018

Historia y relato en la izquierda espa帽ola.




Recuerdo una frase de cuando le铆a cosas sobre la historia del socialismo: no s茅 qui茅n de la 2陋 Internacional le dec铆a a Bernstein “¡Eduardo, burro, esas cosas se hacen pero no se dicen!” Se refer铆a, claro est谩, a toda la teorizaci贸n revisionista del padre de la Socialdemocracia ya cl谩sica y pon铆a de manifiesto la distancia entre la pr谩ctica y la teor铆a pol铆tica de la izquierda. La dial茅ctica entre lo que el partido obrero hace y lo que dice. Se me ocurre que esta dicotom铆a, traducida a los t茅rminos narrativos que est谩n de moda, tiene algo que ver con la diferenciaci贸n narratol贸gica entre “historia” y “relato”. El fucking relato. Simplificando mucho, la historia es “lo que se cuenta” y el relato es “c贸mo se cuenta”. Si nos ponemos estupendos la cosa se complica porque decir “lo que se cuenta” implica necesariamente un “c贸mo contarlo”. No hay una forma no ret贸rica de contar una historia. Ahora bien, hay formas ret贸ricas (relatos) m谩s fieles a los hechos (historia) y otros m谩s infieles y desleales. Hay espejos planos y espejos c贸ncavos. Si hablamos de novelas y cuentos todo resulta muy ameno y, hasta cierto punto, inofensivo: no hay una ret贸rica “justa” para la narrativa. Pero si nos mudamos al mundo de la pol铆tica las consecuencias de adoptar un relato, una ret贸rica, un espejo, deformantes pueden ser desastrosas. Digamos que un relato pol铆tico es m谩s o menos adecuado a la historia en la medida en que su incidencia sobre el mundo real es positiva o negativa. Positiva o negativa para el sujeto hist贸rico, claro.
Hace unos d铆as comentaba c贸mo caer en el pacto narrativo, suspender el juicio cr铆tico, daba lugar a ficciones pol铆ticas demenciales que no andan muy lejos de la histeria o la alucinaci贸n colectiva. Desde entonces he le铆do un par de reflexiones de amigos a los que respeto much铆simo como pensadores y como personas, pero con los que suelo estar en desacuerdo. Uno de ellos considera que el desprop贸sito (bueno, lo que para m铆 es un desprop贸sito) del secesionismo catal谩n constituye una “revoluci贸n simb贸lica”; el otro reprocha amargamente a la izquierda espa帽ola su escasa implicaci贸n (miedosa y lamentable), su ausencia de empat铆a, en el proceso independentista. Sin entrar a debatir estas ideas, convendr铆a, creo yo, que la izquierda espa帽ola (socialistas y comunistas) aclarase en qu茅 mundo simb贸lico vive, cu谩l es su relato; si ese relato produce dolor o si puede incidir sobre la realidad, caso de que admita la existencia de algo as铆 como la “realidad”, siquiera sea haciendo mella en su dureza.
A lo que parece, nuestra izquierda se ha instalado en el antifranquismo permanente, en la invocaci贸n a una Rep煤blica de naci贸n innombrable, en el desgaste del “r茅gimen” surgido de la constituci贸n del 78 y en el cuestionamiento perpetuo del Estado. Todo ello es un relato revolucionario... No: todo ello es un relato “como si” fuese revolucionario. Nuestra izquierda habla “como si” hubiese una masa paup茅rrima dispuesta a asaltar todos los palacios de invierno; “como si” el cretinismo parlamentario del secesionismo fuese algo conectado con pueblos y mayor铆as; “como si” el estado fuese un castillo de naipes pronto a desmoronarse. Mientras tanto, la “historia” va a su bola.
Las ambig眉edades y contradicciones de los comunistas sepultados bajo capas y capas de podemismo, quincemismo y encomumismo, los melindres y cucamonas de los socialistas y los complejos de todos ante el secesionismo y las pol铆ticas de identidad han chocado con la “historia” en forma de descenso del apoyo electoral en Catalu帽a y en forma de muy posible auge de Ciudadanos en toda Espa帽a despu茅s de su triunfo en Catalu帽a. La terrible paradoja es que un partido liberal se llena de votos ofreciendo algo que es patrimonio de la izquierda: Estado.


Vea la izquierda espa帽ola (comunistas y socialistas) si conviene a los trabajadores y trabajadoras derribar dictadores podridos hace d茅cadas, contribuir a debilitar el estado, imaginar revoluciones o gobernar cambiando un sencillo “como si”: como si hubiese un estado que est谩 aqu铆 para quedarse.  

dimecres, 7 de febrer del 2018

Penny y el pacto narrativo.



En un episodio de Big Bang Theory, Sheldon y Leonard discuten sobre qu茅 efectos sobre el cuerpo de Lois Lane causar铆a Superman al detener bruscamente su ca铆da desde el rascacielos. Penny interviene:
-¡Oh! Ya s茅 que nadie puede volar. Sheldon la mira con cara de incredulidad y asombro pues Penny habla desde otro plano de realidad. 
Digamos que la rubia de la serie no ha aceptado el “pacto narrativo” por el cual asumimos los criterios de verosimilitud que nos impone una narraci贸n al entrar en el mundo que abre ante nosotros. En los cuentos tradicionales la f贸rmula aparec铆a de manera expl铆cita tanto en la apertura como en el cierre contractual: “脡rase una vez... Y color铆n colorado”. Lo que ocurriese en ese par茅ntesis que deja el mundo real en suspenso era cosa de las reglas del contrato. La fuerza “jur铆dica” de la frase inicial de una novela y de sus palabras finales puede apreciarse, por ejemplo, en Cien a帽os de soledad: entre “muchos a帽os despu茅s, frente al pelot贸n de fusilamiento...” y “...no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra” el narratario (la parte contratante de la segunda parte) se obliga a aceptar como veros铆mil todo aquello que el narrador (la parte contratante de la primera parte) tenga a bien considerar como tal, as铆 sea el personaje de Remedios la Bella o el tipo al que siempre rodeaban mariposas amarillas.
La propuesta pol铆tica no nos obliga a esa suspensi贸n del juicio cr铆tico. Al contrario, nos obliga a contrastar su discurso con la realidad factual y ver si da cuenta de ella, si propone con acierto su conservaci贸n o su reforma, si asume su defensa o su impugnaci贸n. No discutimos, por lo que hace al an谩lisis pol铆tico, si Lois Lane sobrevivir谩 al fuerte abrazo de Superman, sino que afirmamos que, efectivamente, “nadie puede volar”. Aquello es, en funci贸n del relato, veros铆mil; 茅sto es, absolutamente, verdad. Qu茅 ha ocurrido para que el “discurso” pol铆tico haya devenido “relato” yo no lo s茅, pero el caso es que, en tanto que relato, la narraci贸n impone sus criterios de aceptaci贸n: la suspensi贸n del juicio cr铆tico, la casi orgullosa aceptaci贸n de que el objeto de debate es si Lois Lane se rompe por la mitad cuando Superman la agarra. 
Convertido el an谩lisis concreto de la realidad concreta, para la transformaci贸n de la misma en “relato” (un relato es un cuento, no lo olvidemos) cualquier cosa cabe en la imaginaci贸n calenturienta del narrador: la rep煤blica barataria, la independencia simb贸lica, los sexos traspapelados, los pueblos un谩nimes, la tribu batucada. Da igual. Firmado el contrato narrativo, discutir sobre la operatividad de Tabarnia o la presidencia simb贸lica de Puigdemont es tan leg铆timo como debatir sobre si Hulk puede alzar a Thor aunque 茅ste esgrima el martillo Mj枚lnir.
Caer en el social-populismo de Podemos y sus afluentes turbios o en el nacional-populismo secesionista es firmar un cheque en blanco para la literatura de follet铆n. Y entrar en debate con una trama narrativa de quiosco es absurdo. Es como aceptar el “茅rase una vez” del “derecho a decidir”, del “mandato del pueblo”, del “empoderamiento de la gente”.
M谩s vale, creo yo, afirmar tajantemente la realidad con Penny: “nadie puede volar”. Al menos para no partirnos la crisma contra el suelo con Lois Lane en brazos de Clark Kent.